La Undaria como huella de la colonización.
- Josefina Goñi Bacigalupi
- hace 1 día
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Actualizado: hace 7 horas

Resumen.
El texto analiza cómo los procesos de colonización dejan huellas profundas no solo en las estructuras sociales y económicas, sino también en los ecosistemas.
A partir del caso del alga invasora Undaria pinnatifida, se expone cómo las colonizaciones biológicas transforman radicalmente los ambientes costeros de la Patagonia.
Se propone a esta región como una "zona de sacrificio", donde se entrelazan intereses extractivistas y transformaciones ecosistémicas.
A su vez, se plantea una lectura intersexual del territorio patagónico, donde las zonas intermareales y de restinga funcionan como metáforas vivas de espectros sexuales no binarios.
El texto invita a repensar los cuerpos —humanos y no humanos— desde una ontología de las algas y a considerar nuevas formas de habitar el litoral desde modelos sostenibles que desafíen las lógicas binarias impuestas por las colonizaciones económicas.
Palabras claves.
Alga Undaria Pinnatifida - Patagonia - Colonización - Intersexual - Intermareal
Cuerpos de agua y colonizaciones
La colonización ha dejado y deja huellas profundas no solo en las estructuras sociales y económicas, sino también en los ecosistemas, produciendo transformaciones muchas veces irreversibles. En este contexto, las llamadas "colonizaciones biológicas", que implican la introducción y expansión de especies exóticas en nuevos ambientes, pueden interpretarse como una prolongación ecológica de procesos históricos de ocupación, extracción y control territorial. Esto conversa con la preocupación por la “normalización e instrumentalización biopolítica de la vida, donde el poder busca controlar, regular y explotar lo viviente”.
El caso de Undaria pinnatifida, un alga invasora originaria del Pacífico noroccidental y actualmente presente en el litoral patagónico argentino ilustra cómo estas dinámicas afectan los cuerpos de agua como el Océano Atlántico sur. Estas especies se introducen muchas veces como “enfermedades de transmisión comercial”, vehiculizadas por prácticas extractivas, puertos y rutas marítimas internacionales. Su presencia altera la composición de las comunidades marinas, desplaza especies nativas y reconfigura las redes tróficas, los patrones de sedimentación y las condiciones hidrodinámicas, generando impactos ecológicos, económicos y sociales.
Estas zonas de contacto entre categorías positivistas (agua dulce/salada, nativo/exótico, natural/artificial) y las biosferas que habitan los cuerpos de agua son espacios liminales: bordes porosos donde las fronteras se difuminan. Los estuarios, bahías y zonas intermareales del litoral patagónico son ejemplos de estos umbrales ecológicos, en los que se entrecruzan temporalidades y fuerzas coloniales pasadas y presentes.
El Atlántico patagónico, como zona de sacrificio, se convierte así en un espacio donde la colonización persiste en formas biológicas, entrelazando intereses extractivistas y transformaciones ecosistémicas. Esta visión dialoga con otras metáforas biomédicas como el "Cuerpo Social" o la "Semántica Inmunitaria", han servido para naturalizar comportamientos y normas socioculturales al objetivarse como categorías "naturales y universales". La metáfora del "cuerpo social" ha permitido justificar una "terapéutica social" que busca "curar" los "males sociales" mediante un manejo centralizado y racional del poder. De manera similar, la "semántica inmunitaria" utiliza analogías infecciosas (células destructivas, cánceres, virus) para describir fenómenos como el terrorismo, sugiriendo que la amenaza puede incubarse dentro de la propia sociedad. Esto dialoga con la idea de cómo las especies invasoras son transportadas y se asientan, desafiando la distinción entre "propio-no propio", un axioma que la inmunología actual cuestiona, abogando por un modelo dinámico de lo propio como un sistema abierto con múltiples interacciones.
La propuesta de una lectura intersexual del territorio patagónico, donde las zonas intermareales y de restinga funcionan como metáforas vivas de espectros sexuales no binarios, se vincula con la necesidad de deconstruir lógicas binarias. Esta deconstrucción se apoya en el concepto de plasticidad, entendida como la capacidad de un sistema para acoger y transformarse ante fenómenos nuevos, y el monismo biológico-simbólico que sostiene que la distinción entre vida simbólica y biológica ya no es sostenible. Los "devenires minoritarios" de Néstor Perlongher, que buscan "entrar en alianza (aberrante), en contagio con el (lo) diferente", y la idea de que existen "mil pequeños sexos moleculares" en el plano de la sensación, ofrecen un marco para entender la fluidez y complejidad que desafía las oposiciones molares impuestas por las colonizaciones económicas y sus sistemas de clasificación. Al cuestionar la dicotomía "propio-no propio" en inmunología, se refuerza la idea de que los cuerpos y sistemas son permeables y están interconectados, lo que invita a considerar nuevas formas de habitar el litoral desde modelos sostenibles que desafíen las lógicas binarias impuestas.
Alga invasora: Undaria pinnatifida
La llegada y expansión de la macroalga invasora Undaria pinnatifida en la Patagonia argentina ilustra de manera contundente cómo las "colonizaciones biológicas" transforman radicalmente los ambientes costeros.
Originaria del Pacífico noroccidental, específicamente de las costas japonesas, coreanas y china, Undaria pinnatifida es reconocida como una de las cinco especies de algas invasoras más peligrosas debido a su significativo impacto ecológico y económico. Fue detectada en Argentina en 1992, en el Golfo Nuevo. Desde entonces, ha colonizado rápidamente diversas localidades del litoral patagónico argentino, alterando ecosistemas marinos, las prácticas humanas y la fisonomía submarina.
El ciclo de vida de Undaria incluye una fase gametofítica microscópica de alta resistencia —que actúa como banco de esporas— y una fase esporofítica de gran porte, que puede superar los 1,5 metros de longitud. Sus poblaciones se desarrollan con fuerza durante el invierno y mueren al llegar el verano, momento en el cual sus restos se acumulan en las playas. Forma densas praderas submarinas que desplazan macroalgas nativas y afectan negativamente a los peces de arrecife.
La Undaria se adhiere a sustratos naturales y artificiales desde zonas intermareales hasta profundidades de 22 metros, provocando sombreado y alteraciones del hábitat. Su presencia en Argentina ha sido favorecida por el tráfico marítimo internacional, a través de agua de lastre o el fouling en cascos de barcos.
En su lugar de origen, esta alga se cultiva masivamente para consumo humano bajo el nombre de wakame. Sin embargo, en la Patagonia representa una biocolonización forzada, vinculada al comercio global y sus externalidades ecológicas. Su avance continuo plantea una alerta sobre los límites de resiliencia de los ecosistemas marinos del Atlántico Sur.
Patagonia como zona de sacrificio
En la Patagonia costera, la zona intermareal y las restingas dibujan una geografía liminal: cuerpos de roca y agua que no son enteramente tierra ni completamente mar. Este territorio fluido, que emerge y se oculta con el ritmo de las mareas, condensa una ecología del umbral. Allí donde se alterna lo visible y lo sumergido, lo seco y lo húmedo, lo estable y lo cambiante, se abre una posibilidad de lectura intersexual del paisaje: una mirada que disuelve las categorías binarias y revela la existencia de cuerpos territoriales híbridos, resistentes, mutables. Este territorio fluido, desafía las categorías binarias al alternar lo visible/sumergido, seco/húmedo, estable/cambiante, es un espacio donde la "resistencia biológica" y la "resistencia política" convergen.
Las restingas —afloramientos rocosos que se exponen en la bajamar— son refugio de especies que resisten las variaciones extremas de salinidad, temperatura, luz y tiempo. En ellas crecen algas, anémonas, mejillones, organismos que prosperan en la ambigüedad. De igual modo, la zona intermareal, constantemente transicionada por las aguas, funciona como una metáfora viva de espectros sexuales no binarios: un espacio donde no hay definición estable ni identidad cerrada, sino adaptación constante a fuerzas externas.
Sin embargo, estas zonas no son solo territorios simbólicos; también son escenarios de sacrificio. La colonización biológica —como la expansión de algas invasoras—, la contaminación por tráfico marítimo, la presión del turismo y la industrialización costera, vuelven a la Patagonia litoral un espacio de extracción y daño. La marea no solo mueve el agua: también arrastra huellas de la historia colonial, extractiva y capitalista que convierte lo poroso en desecho, lo ambivalente en amenaza.
Pensar las restingas como zona intersexual es un gesto de resistencia. Esta resistencia se nutre de la búsqueda de "otras metáforas" producidas en el Sur Global, que desafíen la matriz semiótica dominante. Implica una "lectura en lo ambiental de las posibilidades de disidencia", de ver la "potencia" en las fisuras del territorio, más allá de la vulnerabilidad. Es una invitación a "deconstruir las lógicas binarias”, como propone Perlongher al buscar "puntos de encuentro disidentes, puntos de encuentro no homogenizantes”, y a reconocer que la "resistencia biológica" puede provenir de las "posibilidades inscritas en la estructura misma de lo viviente", como la plasticidad del sistema nervioso o la capacidad de regeneración. La "reconceptualización" de la vida para integrar lo simbólico y lo biológico en una "sola vida" ofrece un camino para comprender y sanar las "heridas coloniales persistentes" que la Patagonia encarna.
La ontología de las algas
Pensar una ontología de las algas implica mucho más que clasificarlas como recursos naturales, plantas marinas o especies invasoras. Es reconocerlas como cuerpos vivos con agencia, historia y vínculos. Las algas habitan la zona intermareal y de restinga —espacios dinámicos, transicionales, ni completamente mar ni enteramente tierra— y en esa ambigüedad encuentran afinidad con formas de existencia que escapan a la norma. Desde esta perspectiva, la geografía patagónica se vuelve un territorio intersexual, donde la materialidad del paisaje y de los organismos marinos desestabiliza las lógicas binarias: macho/hembra, nativo/invasor, naturaleza/cultura.
Las algas —como la Undaria pinnatifida, alga parda invasora también conocida como wakame— interpelan nuestras categorías. Son formas vegetales ancestrales, adaptadas a condiciones extremas, con ciclos de vida diversos: se reproducen por fragmentación, por esporas, o por unión de gametos. Se adhieren a rocas expuestas, sobreviven al viento, al sol, a la inmersión y a la desecación. Producen ácido algínico para retener agua y sostenerse vivas. Se expanden sin permiso, como cuerpos indisciplinados.
Una ontología de las algas reconoce su multiplicidad. No son solo una, ni son siempre lo mismo. No encajan del todo. Se desdibujan entre lo útil y lo indeseable, entre alimento y amenaza. Se insertan en redes de interdependencia: con peces, con el clima, con las corrientes económicas y biopolíticas. En este sentido, las algas hablan de colonización, pero también de resistencia. Nos empujan a imaginar futuros no binarios, híbridos, resilientes. Futuros en los que las formas de vida no se ordenan por categorías fijas, sino por relaciones. Pensar con las algas es aceptar que todo cuerpo es un cuerpo en vínculo, una forma de devenir en el mundo.
Conclusión
Este texto propone adentrarnos en una ontología de las algas como una invitación a desarmar categorías históricamente arraigadas, superando su mera clasificación como recursos naturales o especies invasoras. En este marco, la rigidez de las clasificaciones tradicionales, como la distinción entre vida simbólica y biológica, se disuelve, revelando que la resistencia puede surgir de las posibilidades inscritas en la propia estructura de lo viviente.
Las restingas, la zona intermareal y el bento marino en la Patagonia costera se manifiestan no solo como sistemas ecológicos de una complejidad inherente, sino también como territorios simbólicos donde lo intersexual, lo fluido y lo híbrido encuentran su lugar. En lugar de una región escindida entre una naturaleza prístina y una zona de sacrificio, se revela como un cuerpo vasto, contradictorio y en constante cambio, donde coexisten múltiples regímenes de sentido. Dejar de mirar la Patagonia desde la lógica binaria del recurso frente a la reserva implica verla como un espacio de tránsito, de ambigüedad productiva y de diversidad biológica y política. Esta visión resuena con la necesidad de "otras metáforas" que desafíen la matriz semiótica dominante occidental positivista.
Las algas, con su capacidad de adaptación a condiciones extremas, su multiplicidad reproductiva, y su agencia ecológica, nos instan a habitar el litoral de una manera diferente: no como una frontera a controlar ni como un paisaje a explotar, sino como un espacio vivo de interacción, cuidado y transformación. Esta aproximación se alinea con la "teoría de la continuidad" en inmunología, que sugiere que la identidad se construye dinámicamente mediante la integración o asimilación del "otro” y con la noción de que la simbiosis es la regla de la naturaleza. La plasticidad de sistemas biológicos como el nervioso o el inmunitario, que les permite acoger y transformarse ante fenómenos nuevos, ofrece un marco para entender cómo estos cuerpos territoriales híbridos y mutables revelan posibilidades de disidencia.
En tiempos de crisis ambiental, imaginar futuros sostenibles exige escuchar a estas otras formas de vida y a los "potenciales biológicos" que revelan modos de transformación inéditos como la reprogramación y la regeneración. Estas no solo sobreviven en las grietas del sistema, sino que desde allí nos ofrecen nuevas formas de pensar, de habitar y de resistir. La intrusión de especies como Undaria pinnatifida en la Patagonia, aunque genera alteraciones ecológicas, también nos obliga a considerar prácticas de reparación, gestión y resignificación. Comprender y sanar las heridas coloniales persistentes’ que la Patagonia encarna en su belleza ambivalente requiere adoptar un enfoque integrado y pluridimensional, superando los modelos modernos centrados en diagnósticos unívocos.
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