• JO

Tierra del Fuego

Tierra distante,

Esponjosa,

De latir latente.

Eres el presente de una ausencia,

Existes en la distancia que nos une,

En la que te habito,

En la que te sueño.

Nos fundamos en aquel pasar que nos unió,

Que nos fundo desde la raíz que nos sostiene juntos.

Te viste todo el recorrido de nuestro pasar.

Eres de aquí, y de allá.

Y a ti,

Que te trajo aquí?.

Quien te imanto?.

Como te forjaste plateado caracol?.

Cual fue el aroma se hermano con tus estrellas?.

Son tus algas prestadas?.

Porque se esconden debajo de tu orilla?.

Cual es el secreto de tu viento?,

El aroma de tu níveo andar?.

De donde eres tierra austral?.

Eres patria partida,

Eres la isla regente de nuestro sur,

La conquistadora de cada aurora,

La dibujante de cada amanecer tardío,

O en demasía adelantado.

Eres el refugio donde el sol y la luna se besan con su brillo.

Eres el encuentro de un pueblo.

Tu vistes a la unión federal de realidad,

De férrea presencia.

La dulzura se oculta tras tus tempestades,

Sabiendo que la paciencia reside en la autonomía de tu soberanía.

Tierra del fuego,

Alimentaste mi sentir de posibilidad.

Invadiste mi realidad,

De aquellos abrazos conquistados.

Eres la voz de aquellos que laten a edad temprana,

El revote de una pelota de ping pong,

Y la promesa de un telar.

Eres la fibra oculta,

La suavidad en la ferocidad de tu vendaval.

Y la tenacidad del continuar.

Y a ti llegue en vez mas,

Con el desafío en los ojos,

La posibilidad entre las manos,

Y la ilusión en el respirar.

Eres tu, isla de aquí?,

Son ellos de allá?.

Cuantas veces se puede vencer la voluntad?.

En cuantos pedazos se puede partir la posibilidad?.

Y entretanto, tus caracoles ocultan el secreto de un destello,

El plateado de tu aleteo,

La sencillez de una ilusión.

Tierra del fuego,

Eres un olvido que conquisto el inicio de nuestra patria.


Caracol

Casi me fui y no te vi,

Casi me perdí y te me escapaste,

Casi tu brillo se oculto de mi caricia.

Y ahí estabas,

Y desde ahí me llamabas,

Abrazando a tu plateada orilla.

Eres igual pero distante,

Plateado y negro endulzado,

La sal se acomodo en ti,

Para burlar el brillo de una estrella.

Una montana portas desde tu seno que escala paso a paso,

Cultivando tu plateada vestidura.

El áfrica te hermana,

Y te susurra secretos del fondo marino.

Plateado eres,

Te vistes de brillo y estrella,

Te disfrazas de montaña,

Te surcan trampolines,

Que abrazan a la escurridiza arena vestida de negro.

Hubo una vez una playa,

Una playa negra,

Una playa que se abraza a un matorral de algas,

Y acurrucaba a plateados caracoles.

Hubo una vez una playa,

Portadora de una gélida isla que sostiene un faro,

De nuestra soberanía.


Patria

Patria mía,

Patria nuestra,

Patria tierra,

Patria fuego.

Aquí la soberanía,

Es el sol en recreo de estaciones.

Aquí el capricho de la luna,

Rinde culto al ridículo.

Aquí lo natural,

Reinventa las leyes de las que estamos hechos.

Provincia sureña,

Provincia austral,

Provincia con el fuego ,

Como antesala del relato federal.

El norte en ti quiebra el sentido de la dirección,

El sur porta soberanía propia,

El este invita al recuerdo,

El oeste se hermana con aquel que visita y habita.

Patria aquí,

Patria en ti,

Patria mía,

Patria nuestra.


Un desafío

Y a ti quien te dio voz?.

A ti quien te llamo?.

Porque estas aquí hablando?.

De donde surge aquel relato?.

Es el abandono tu realidad?.

La conquista del tal mal que habita esta tierra austral?.

De donde han venido?.

Eres tu, aquel que vendrá?.

A donde te vas?.

A quien le hablas?.

Desde donde tramas aquellas palabras?.

La juventud te hizo tan valiente?.

Porque tus reclamos son susurros?.

Quien te persigue?.

Acaso no eres tu dueño de tu mañana?.

Porque pides permiso?.

A quien le pides?.

Acaso tu voz no es mas fuerte?.

No es la que dura mas tiempo?.

Quien les dio tu soberanía?.

Son tus ojos los hacedores de verdades.

Son tus palabras el presente del porvenir.

No calles,

No susurres.

Eres soberano de lo que vendrá,

Dueño de aquellas palabras que callas.

Y quien te acompañe,

Rendirá culto a tu desobediencia,

A tu rebeldía en su despertar.

Que es aquello que suponen?.

Cuando se cansaron de reír?.

Es aqui donde suponemos ser juntos?.

El tiempo los vistió de soberanos?,

O el que se les descuenta de tiranos?.

Donde se extingue el brillo de su sabiduría?.

Donde se habita desde su sabio andar?.

A donde te has ido?

No te venzas!

No te dejes!

No te pierdas!

Eres la fuerza que sigue y construye.

Eh! Tu,

Tu juventud es tuya.

Su sabiduría suya.

La libertad individual.

Y la soberania independiente.

Basta tu!

A quien le gritas?,

No ves que lo callas!,

No ves que lo apagas!,

No ves que se pierde!.

Eh! A donde vas?,

Canta lo que gritas,

Aúlla lo que susurras,

Y no pidas permiso,

No exijas su aprobación,

No devuelvas obediencia.

Y cuando te equivoques, vuelve.

Ve, y desármate.

Ve, y piérdete.

Pero vuelve.

Vuelve cuando creas todo perdido,

Cuando creas todo ganado.

Pero vuelve.

Esta es tuya por herencia,

Por nuestra,

Ve y cuando sepas,

Vuelve.

Vuelve aquí, contigo.

Calor.

Te voy a apelmazar,

Te abrazare en cada una de tus astillas,

Te recorreré en cada una de tus grietas.

Tienes doscientos años,

Eres polvo vestido de rojo,

Te fundes con el naranja,

Que se aproxima al color del fuego.

Acá eres tu incendiándote,

Eres lo que se incinera sin conocerte,

Lo que resta en desprecio de una posibilidad.

Y ahí de cerca, me miras,

Me convocas con tu susurro,

Me imanta con la textura de aquellas partículas que se burlan,

Y bailan en la encendida hoguera.

Hay un tambor al fondo,

Una prensa que muerta de frio afuera,

Hay una exagerada olla,

Que te recibe con un oxidado sombrero.

Y ahí te vierten,

Ahí desprendes el brillo de tu esencia,

Eres polvo convertido en chispa,

Eres un de bosque desparramado,

Eres mil veces el recuerdo a gritos de lo que eres,

Eres el calor que se burla del frio.

Hay quemador sin fin,

Un serpenteo desparramado y hambriento,

Una quimera que te desvanece.

Hay un fuego que nunca se detiene,

Que lo cuece una inmensa olla,

Un fuego que no encandila a nadie,

Un deseo perdido a la espera de tu azaroso tropiezo.


Lucho.

Huidizo Lucho,

Todo alrededor tuyo crece,

Creces tu sabiendo que te rodea,

Perdiéndote en un bosque que imanta azar,

Sonriendo en la corteza de lo que vendrá.

Arribaste por azar de tierras hermanas,

Ahí en un sur sin fronteras,

Recibiendo la invitación de perderte en un bosque,

Y ahí te encontraste con un anhelo.

Huidizo Lucho,

Acaso te has perdido?,

Todo en tu suena a escurridiza oportunidad,

A enamoramiento desorientado,

A caricias de fría arboleda.

Y nos cuentas que hay un secreto en la orilla de un lago escondido,

Donde yace un árbol nunca visto y jamás tocado.

Es de hoy aquel árbol?,

¿Acaso se perdió de la arboleda?,

¿Donde comienza aquel lago?.

Y tu lo proclamas con soberbio orgullo,

Entre dos altaneros hermanos,

Detenido sobre un montículo de blanca nieve,

En un claro dentro de tu bosque.

Huidizo Lucho,

Y en ti el sueño pulsa a presente intangible,

Hueles a madera,

A sonrisa que no escatima,

A desorientada ensoñación,

A cariño sin calibrar.

Huidizo Lucho,

En un bosque moldeaste un porvenir,

Que hoy invita a una posibilidad.


Un bosque.

Hay un bosque abarrotado,

Una arboleda apelmazada,

Un aroma que exuda fantasía.

Hay una espesura que se viste de mágico conjuro,

De posibilidad hechizada,

Con blanco corazón, y a veces rosa,

Y con el tiempo rojo.

Los anillos que lo forman,

Crecen marcando el tiempo,

Cantando su místico relato,

Su azar superpuesto en inmenso descanso.

Hay aquí y allá,

Son todos y muchos,

Se abrazan, recuestan y acarician.

Y un blanco manto los uniforma,

Y acaso no es esto eterno?,

No es esto el supuesto de lo intocable?.

Solo recorrerte,

Detiene el aire que se empequeñece al verte.

Eres soberbio,

E inmensamente imponente.

Y en silencio una luz te recorre,

Susurrando el secreto de lo que estas hecho,

En silencio te pronuncia,

Y ahí me detengo,

De donde has venido bosque?.

Quien te ha traído?.

Todo en ti recibe,

Tus maderos son del tiempo,

Tus astas solo tuyas,

Con cada una de tus astillas.

Me pierdo y recorro,

Me pierdo y tu espesura me acaricia,

En ti el blanco manto susurra la travesía de lo que estamos hechos.

Hay un bosque,

Un bosque de fantasía,

Un bosque encantado,

Un bosque en una blanca isla.


Metegol.

Escuela desorientada y abarrotada,

-¿Construimos un metegol?-,

Uno lleno de colores,

Donde un árbol arme cuadrilla con un cóndor.

Un metegol,

¡Si, haremos un metegol!,

Tendrá torres de ajedrez como cabeza de equipo,

Alfiles como delanteros,

Caballos como arqueros,

Un arco con cortinas plateadas,

Y mangos de serpentina.

Tu y yo, lo construiremos.

Tendrá la vestidura del arcoíris,

Y césped iridiscente,

Y será nuestro,

Tuyo y mío.

Lo haremos juntos,

Y jugaremos juntos,

Será hermoso y poblado por todos,

Por los cóndores,

Los arboles y las torres,

Los alfiles, un corazón, un hombre con sombrero.

Y porque no, una zanahoria.

Ve y buscado.

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